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Luis O’Malley: “El regreso de Demofonte es una de las obras que recuerdo con más felicidad”

El autor y director de El regreso de Demofonte nos acerca a esta sátira, que se representará el próximo 10 de febrero en el teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria.

¿Cómo transformaste la idea inicial de Raúl Morán en lo que es hoy en día El regreso de Demofonte?

Raúl me planteó hacer una especie de texto reivindicativo sobre el alunizaje y la conspiranoia que hay por encima. Yo le dije que era un texto muy peligroso de escribir porque podría ser muy documentalista. Sin embargo, él me dio una clave qué podría ser llevarlo al estilo de Woody Allen y lo cómico, entonces opté por el  género de la sátira. El filón de lo que él me dijo, era contar el rodaje en sí. Los rodajes están siempre llenos de problemas. El objetivo era sacar la puntilla cómica y para ello usé como referente la película de Woody Allen, Balas sobre Broadway.

A mí me gusta contar historias humanas, más que el hecho en sí. Hay una frase de Vázquez Figueroa, que me encanta: “Los seres humanos dedicamos más espacio a lo que hacen los hombres y muy poco a lo que sienten”. Yo siempre intento meter los sentimientos de por medio como excusa para lo que hacen los seres humanos.

La obra hace que reflexionemos sobre si todo lo que vemos en las pantallas es real o no, ¿con qué mensaje crees que se queda el público?

Partimos de la base de que el público actual ya no se cree nada de lo que ve. La teoría conspiratoria siempre se ha alimentado, pero como ya no nos creemos nada, eso juega a nuestro favor.

Además está el tema de la globalización, que se fermenta a finales del XIX, pero en los años 50 y 60 explota el globo, y esa globalización dura hasta hoy en día. Ahí aparece una de las frases de El regreso de Demofonte: “El mismo refresco que nos bebemos en París nos lo vamos a beber en Nueva York”, con eso jugábamos como elementos de unión de las dos épocas.

Si nos hubiéramos quedado en una sola época, al público le hubiera parecido algo histórico y bonito, pero no hubiera conectado, entonces lanzamos mensajes que conectaran con la situación económica actual, con la crisis, con la globalización, con América como jefe del mundo, etc. Estados Unidos es un país que yo adoro, yo no quería criticar América, quería criticar lo que se extrapola de ella. Es como lo que sucede ahora con el Siglo de Oro que tiene 400 años y te sigues identificando con los valores actuales.

¿Cómo fue el proceso creativo para escribir esta obra?

A lo mejor te sonará a frase hecha, pero es una de las obras más difíciles que he escrito. Yo suelo escribir muy rápido. Me lo pienso mucho, pero una obra como esta en cuestión de una o dos semanas la tengo escrita. Sin embargo, esta me costó un año y medio o dos, porque no arrancaba. El proceso fue bastante duro porque quería que fuera intelectual pero no aburrida, y cuando iba a la comedia se me estaba quedando cómicamente chusquera.

Yo cuando escribo le paso los escritos a dos o tres personas de mucha confianza y una me decía que los chistes que estaba metiendo eran muy de clown y poco inteligentes. Es verdad que esta obra tiene un humor fácil en algunos momentos pero siempre está apoyada en una base intelectual, le puede llegar a todos los públicos, pero tiene un humor más refinado, o al menos eso intenté.

¿Qué supuso para ti dirigir esta obra?

Eso sí fue sencillo, porque Raúl me lo puso fácil e hizo un gran trabajo desde la producción. Desde la elección del elenco, fueron todo facilidades en un tiempo de ensayo muy limitado.  Creo que se montó en 12 días, cuando se necesita el triple para una obra de teatro.

Es una de las obras que yo recuerdo con más felicidad, porque yo me reí muchísimo durante los ensayos. Los actores propusieron muchos de los juegos y muchas dinámicas. Parábamos a cada momento para reírnos.

Dirigir este tipo de obras es muy bonito, porque siempre estás dirigiendo comedias más ramplonas o infantiles, que es lo que demanda el público. Tener la oportunidad de dirigir una obra más propia, más intelectual, más tuya, decir frases que piensas sobre el amor y la política, que son tus pensamientos, es muy bonito.

¿Por qué elegiste este elenco?

Fueron los primeros que llamé porque realmente ellos tenían lo que cada personaje me demandaba. Contaba con gente como Efraín que es un gran cómico, Rubén, que es otro gran cómico o José Manuel, que como persona es un nervio con patas y me venía muy bien para el personaje, porque él es Woody Allen.

Ruth, desde que terminó la carrera es el descubrimiento del teatro canario, es una grandísima actriz y la quería para este papel, porque me parecía que esta forma a veces amarga que tiene de actuar le venía muy bien al personaje, y encima tiene brillo en la mirada para la comedia.

Y Jennifer es una persona que apenas tiene experiencia en el teatro en sí, y me venía muy bien para el personaje por eso, porque venía de niña nueva, pero con esa inteligencia que tienen las mujeres de sé dónde estoy y sé que arma manejar para conseguir lo que yo quiero.

¿Qué supone para ti que en febrero actúen en el Guiniguada?

Ya necesitábamos que Ángulo Producciones se presentara en Las Palmas. El teatro Guiniguada es un teatro especial, bonito, ahí han pasado los mejores de Canarias, es uno de los hogares de las Artes Escénicas canarias, creo que junto con la Sala Insular de Teatro tiene esa magia de teatro de medio formato, que hace que te sientas como en casa. Considero que para estrenar El regreso de Demofonte en Las Palmas es un lugar ideal. Conozco a los técnicos, sé que técnicamente la obra va a quedar muy bonita, así que tengo muchas ganas de verla en el Guiniguada.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con el equipo técnico?

Yo entré en este proyecto porque soy amigo del padre de Raúl, Rafa Morán, es uno de mis maestros en el mundo del teatro. Él es técnico de iluminación. Si yo llevo en el teatro ocho años, pues ocho años llevo trabajando con Rafa. Es muy cómodo porque yo a Rafa Morán lo conozco mucho y sé cómo trabaja, él sabe como trabajo yo y yo con él estoy encantado, además él también tiene como suyo el proyecto y se nota.

En el vestuario estoy muy contento y agradecido de haber contado con Raúl Ravelo para hacer el traje espacial, porque lo pillé en un momento de jaque y lo hizo de mil amores. Luego está Fátima Castro, que ha hecho un trabajo de peluquería y de caracterización maravilloso. Los actores salen estupendos, además de que en este proyecto me interesaba mucho que parecieran de los años 60.

Y ya después el equipo de producción compuesto por Omaira Ortega, Luis Suárez, Raúl Morán…  Yo siempre digo que Raúl es muy pesado y entonces él consigue las cosas por eso. De la nada consiguió un equipazo y estoy muy contento de haber trabajado con él.

¿Cómo has visto la respuesta del público hasta ahora?

La respuesta era una gran incógnita, porque es un teatro que aquí no se hace, un teatro muy cinematográfico, muy de ritmo de cine. Estábamos con mucho miedo, sobre todo porque el estreno fue para alumnos de secundaria y estábamos ahí a ver cómo funcionaba esto, y para los chicos de secundaria sorprendentemente funcionó muy bien.

El público general lo acoge muy bien, con mucho humor, se quedan reflexivos, hay frases y escenas con las que se quedan. Todos dicen que es un teatro que no se ve y que lo agradecen. Ya con eso me estoy muy satisfecho.

Lo que queda es que el boca a boca funcione, que el público vaya a verlo, que apueste por el teatro que se está empezando a hacer en Canarias, que en los últimos cinco años ha subido bastante de nivel y esperemos que por ahí funcione.

¿Tienes alguna meta en concreto para El regreso de Demofonte?

Que tenga muchas funciones y que haga pensar y reflexionar. No hacemos teatro por hacer teatro, Raúl apostó por este proyecto porque quería contar historias, a mí me encanta contar historias y espero que al público le llegue eso.

 

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